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Seducir: estrategias para seducir, conquistar y enamorar

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Por qué engañamos a la persona a la que queremos

El Arte de la Seducción > Infidelidad y celos. Acabar la relación

Podemos sentir un inmenso apego por nuestra pareja mientras disfrutamos de un profundo amor romántico por otra persona, y a su vez, un deseo sexual por gente que no tiene nada que ver.


Por qué engañamos a la persona a la que queremos


Llevamos toda la vida escuchando aquello de que el amor es una sensación única, incomparable y desconocida hasta que se vive de verdad. También es habitual la idea del clásico amor romántico de Disney, en el que un Príncipe Azul y una Princesa Rosa se conocen y a partir de ese momento, su amor impoluto es capaz de vencer cualquier tipo de adversidad.

Si bien es cierto que estas sensaciones pueden parecer tremendamente reales cuando uno está enamorado, también es muy común pasar por momentos de amargura desmedida cuando las cosas se tuercen, hay una discusión o se genera cualquier otro tipo de problema. La prestigiosa antropóloga e investigadora en la Universidad de Rutgers, Helen Fisher, indica en una charla TED que ese amor romántico tiene que ver con un comportamiento obsesivo, pero que tiene un sentido natural, el de unir fuertamente a dos personas en el proyecto común de criar a un hijo.

Esa obsesión de la que habla la investigadora no es una opinión, sino que ha llegado a esa conclusión tras diversos estudios. Quizá el más relevante sea uno en el que realizó diferentes preguntas: una de ellas era cuántas horas al día se piensa en la pareja, que realizó a personas enamoradas que estaban controladas mediante un escáner de actividad cerebral. La respuesta más habitual a la citada pregunta es que se piensa en la otra persona durante todo el día. A raíz de esta, Fisher añadió otra cuestión. Esta era si serían capaces de morir por esa persona que tanto quieren. Y, en efecto, la respuesta fue un sí.

"Ansia" es la segunda palabra que utiliza Fisher para definir amor. No desde un punto de vista sexual, también en el sentido más sentimental de una relación. Para explicar esta idea afirma que cuando se está enamorado de una persona, está bien mantener relaciones sexuales, pero también suele ser habitual querer quedar con ella, ir al cine, recibir una llamada, un mensaje de WhatsApp...

La tercera palabra es "motivación", porque cuando encontramos a una persona que nos llama la atención, uno se vuelca en conocerla, en intentar conseguir su número, en invitarla o que te invite a tomar algo, en acostarse juntos... Parece que nunca es suficiente y cuando se consigue un objetivo, aparece otro nuevo y diferente.

El amor, como una droga

La pregunta, entonces, es por qué ocurre esto. La respuesta para Fisher es evidente: pura química. A través del escáner del citado experimento encontró que cuando los voluntarios visionaban una foto de quien estaban enamorados, tenían una respuesta cerebral similar a la que se produce tras consumir cocaína. Esta no es la única explicación que encuentra la antropóloga, pues señala que el amor se constituye gracias a tres impulsos cerebrales. El primero es el sexual (a corto plazo), el segundo es el ya citado amor romántico (a medio plazo) y el tercero es el apego (a largo plazo).

La explicación es que estos tres impulsos son consecuencia unos de otros. El primer impulso sexual sirve para buscar entre diferentes posibles parejas. El segundo impulso, el romántico, ayuda a concentrarse en una persona para desarrollar ese primer impulso. Y el tercero para ser capaz de tolerar y convivir con una persona durante los años en los que se educa a los hijos.

Sin embargo, no siempre tienen por qué ir unidos, aunque estén relacionados entre sí. “Con un orgasmo se segrega una gran cantidad de dopamina, que está relacionada con el amor romántico, por lo que se puede acabar enamorado de alguien con quien solo se iba a tener sexo esporádico”. Pero también señala que puede sentirse un inmenso apego por una pareja, mientas se disfruta de un profundo amor romántico por otra y a su vez se despierta un deseo sexual por otra gente que no tiene nada que ver.

Entonces, ¿es el amor una ciencia exacta? Fisher tiene claro que no. Por estos motivos, termina su conferencia con una anécdota sobre dos compañeros de investigación. Uno se sentía atraído, pero la otra no tenía ningún interés por él. En su intención de conseguir enamorarla, el investigador la llevó a dar un paseo en un taxi oriental de Pekín, ya que con actividades chocantes, nuevas y diferentes se aumentan los niveles de dopamina, lo que quizá pueden aumentar el nivel cerebral del amor romántico. En efecto, su experimento obtuvo resultado. Cuando acabaron el paseo, ambos estaban profundamente excitados, aunque con diferentes visiones: “Qué guapo era el conductor, ¿verdad?”, dijo ella. Al final, como dijo Oscar Wilde: “El misterio del amor es mayor que el misterio de la muerte”

Fuente: http://bit.ly/1cntqCL



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